Existen
cuentos y ancianas narraciones que ya hablaban sobre las virtudes de las
aguas termales. Algunas de estas antiguas leyendas nos cuentan que el
descubrimiento de los usos medicinales de los manantiales minerales
fueron descubiertas por los animales. Existían aves que acudían con
regularidad a determinadas fuentes para curar las heridas de sus alas o
sus patas. Mamíferos que tomaban baños para librarse de los molestos
parásitos de su piel...
Nuestros antiguos observaron la conducta de esas criaturas y comenzaron
a apreciar las propiedades de las aguas mineromedicinales a través de los
baños e inmersiones. Con el correr del tiempo aprendimos a localizar los
manantiales medicinales y cómo mantener su caudal para evitar su
extinción, llegando, con el tiempo, a tecnificar su uso creando los
primeros recintos destinados a ese uso como las termas romanas o los
balnearios árabes de los que algunos aún persisten hoy día.
España es un país rico en termalismo. Además de los tratamientos
modernos de SPA's que incorporan algunos hoteles y residencias de lujo,
se mantienen activos muchos centros termales con una actividad
milenaria. Está resurgiendo con fuerza una especie de variopinto turismo
de balnearios que integran enfermos, ejecutivos que quieren curar su
estrés o jóvenes que acuden un fin de semana para desintoxicar y
recargar las pilas.
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