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Dieta vegetariana
La costumbre de ingerir solamente productos vegetales data de muchos siglos
atrás y, aún hoy, hay pueblos que los prefieren como dieta habitual, por
ejemplo, los hindúes y los sij, así como también los favorecen todavía ciertas
sectas musulmanas y cristianas. Aunque las raíces religiosas del vegetarianismo
son innegables, la popularidad de que gozan en los pueblos pobres los cereales,
por ejemplo, se atribuye más al hecho de que su cultivo es más económico,
requiere menos tiempo y su rendimiento es mucho mayor que la cría de animales,
especialmente cuando se trata de alimentar a cientos de millones de personas.
Suele decirse que la alimentación vegetariana carece de las proteínas y
vitaminas que aporta la carne al organismo, pero este concepto es falso. En
primer lugar, porque con las dietas onmívoras se ingiere una cantidad muy
superior de proteínas y vitaminas a las que de hecho necesita el cuerpo, y, en
segundo lugar, porque la ingestión de una combinación adecuada de productos
vegetales, de acuerdo con sus propiedades, aportan suficientes cantidades de
ellas al organismo. Además, no debe olvidarse que los vegetarianos consumen
productos lácteos y huevos, con los que se enriquece la alimentación diaria de
manera apropiada.
Quienes sí pueden sufrir algún efecto orgánico por la carencia prolongada de
ciertos nutrientes son los vegetarianos que, llevando la pureza de la dieta al
extremo, no consumen ni huevos ni producto lácteo alguno.
Pero, sin necesidad alguna de apelar a recursos extremos, muchos vegetarianos
comenzaron su conversión con la simple disminución de la cantidad de carnes
rojas y embutidos, que normalmente se consumen en demasía en las sociedades
occidentales, y el consecuente aumento de verduras, que sólo puede reportar
beneficios para la salud por la menor cantidad de grasas que así se aporta al
organismo.
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