DIETAS Y CONSEJOS PARA GANAR PESO

A grandes rasgos, la diferencia más destacada entre una persona de constitución delgada por naturaleza y otra cuya delgadez sea de índole patológica suele consistir en que aquélla tendrá más fuerzas y vitalidad para llevar una vida normal que ésta. Ello se debe a que la delgadez constitucional lleva implícito un funcionamiento orgánico normal, mientras que la de carácter patológico supone una anormalidad funcional cuyas consecuencias se reflejan, principalmente, en una disminución de la vitalidad y de la energía necesarias para desarrollar las tareas habituales. 

PIEL Y HUESOS
Esta frase tan corriente, y que con tanta frecuencia se aplica a las personas de extremada delgadez, no puede ser más acertadamente descriptiva de la composición de su cuerpo pues, de hecho, no hay entre la piel y los huesos suficiente masa muscular que los separe, por lo que parecen pegados entre sí. En el caso de la delgadez constitucional, esta condición de poco desarrollo muscular no sólo puede atribuirse al escaso número de células grasas del organismo, causa por la cual el intestino absorbe menos grasas y no se produce un aumento de peso, sino también a la falta de costumbre de hacer ejercicios físicos o de practicar algún deporte.

Como las personas extremadamente delgadas por naturaleza suelen tener grandes dificultades para aumentar de peso mediante el consumo de alimentos, por mucho que lo intenten, es frecuente que desarrollen un complejo, nacido de su misma condición. Para ellas, básicamente sanas y llenas de energía, acaso sea más saludable hacer gimnasia o practicar algún deporte con el que puedan aumentar su masa muscular y ganar así, en aspecto, lo que difícilmente obtendrán con dietas diseñadas para que ganen peso. Cuando se trata de casos en los que la extrema delgadez obedece a determinadas causas patológicas, los ejercicios físicos están completamente fuera de lugar, puesto que la pérdida de peso suele ir acompañada de síntomas de debilidad y de fatiga.

CAUSAS PATOLÓGICAS
Entre las enfermedades más corrientes que producen marcados descensos de peso se encuentran algunas de las infecciosas graves, las neoplásicas, las alteraciones tiroideas y la diabetes. Menos frecuente, pero de consecuencias bastante similares, es la anorexia nerviosa. Aunque las sensaciones de debilidad y de fatiga para desarrollar una vida normal se acusan por lo general en todas ellas, también aparecen otros síntomas que las diferencian entre sí. Así, por ejemplo, quienes padecen una infección o tienen una neoplasia suelen tener una marcada pérdida de apetito, por lo cual alimentarse se convierte en un ejercicio de fuerza de voluntad, más que en el cumplimiento de un hábito que se lleve a cabo de forma normal.

Los afectados por un trastorno de la tiroides suelen tener, además, palpitaciones, mucha sed, frecuentes diarreas, un permanente estado de nerviosismo y una pronunciada intolerancia al calor, pero su apetito, al contrario que los anteriores, aumenta en vez de disminuir, así como también sucede, y de forma casi desmesurada, en quienes padecen diabetes. En todos estos casos, los pacientes deben estar atendidos por médicos especializados, que serán los encargados de decidir tanto el correspondiente tratamiento farmacológico como el alimentario.

La anorexia nerviosa, también objeto de atención médica, se registra con mucha mayor frecuencia entre las adolescentes, y en especial en las que pertenecen a familias de medios económicos generalmente altos. Es por ello que una conocida doctora estadounidense, especializada en esta enfermedad, puso por título "La jaula de oro" a su primera obra sobre el tema. A diferencia de lo que ocurre entre quienes sufren alguna de las enfermedades citadas anteriormente, quienes padecen de anorexia nerviosa se provocan intencionadamente la pérdida de peso, negándose a comer o, en el caso de verse obligadas a ello por la familia, recurriendo al vómito provocado después de la comida y al consumo de diuréticos y de laxantes para eliminar lo ingerido. Esta situación obsesiva, causada en su mayoría por trastornos de orden psicológico, produce una reducción de peso por desnutrición que, si no es atajada a tiempo con un adecuado tratamiento psiquiátrico, puede tener un desenlace fatal.

CÓMO AYUDARSE PARA GANAR PESO
Al igual que lo que sucede cuando se sigue un régimen para adelgazar, también suelen tener que modificar sus hábitos alimentarios las personas de constitución delgada que adoptan una dieta para aumentar su peso al nivel adecuado para su talla. Estas personas presentan una marcada tendencia a comer a gran velocidad, generalmente motivada por una situación de estrés, y a saciarse con la ingestión de una escasa porción de alimentos. Las consecuencias de estas características son, por una parte, que la ingestión rápida, sin una buena masticación, no favorece la asimilación completa de los nutrientes que contienen los alimentos y, por otra, que al sentirse satisfechas con muy poco alimento creen estar comiendo mucho, cuando en realidad no es así. La modificación de estos malos hábitos, masticando bien y lentamente los alimentos y tomando buena cuenta de la cantidad y calidad de los alimentos que se ingieren, contribuirán a un mayor éxito de cualquier dieta destinada a ganar peso.

LA ALIMENTACIÓN IDEAL
Cuando se trata de corregir una pronunciada delgadez, sin que medien causas patológicas, hay la tendencia a creer que podrán ganarse kilos fácilmente con la ingestión indiscriminada tanto de alimentos dulces como de los ricos en grasas, como los embutidos, y, muy especialmente, de alimentos crudos que pueden ser rebozados y fritos. Pero nada puede estar más lejos de la verdad pues, precisamente porque las personas con dificultad para aumentar de peso suelen tener problemas de asimilación, deben incluir en su dieta alimentos cuyas propiedades, combinadas de forma equilibrada, produzcan una digestión más lenta y más propicia a una mejor asimilación de los nutrientes. Otro factor de suma importancia para lograr una mejor digestión es hacer reposo después de las comidas o, en caso de que ello sea imposible, reducir el movimiento a la mínima expresión. El estrés, que tampoco contribuye a que se produzca un aumento de peso, debe ser combatido con ejercicios especiales que, por su misma condición, no supondrán una contradicción al descanso recomendable.

LA DELGADEZ Y LAS GRASAS
A la supuesta bondad que tiene la ingestión incontrolada de alimentos con un alto contenido de grasas, como dieta para ganar peso, se oponen las siguientes consecuencias que, a largo plazo, tendrá la sobrecarga de grasas en el abdomen:

•La aparición de bronquitis y de enfermedades de origen infeccioso y bacteriano.
•La aparición de trastornos cardíacos y circulatorios.
•La formación de cálculos renales y hepáticos.

 
Las dietas calóricas

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