DIETA CONTRA LA HIPERTENSIÓN ARTERIAL

La presión arterial es regulada por la actuación de los sistemas nerviosos, endocrino y renal, en un complicado equilibrio. Cuando uno de estos sistemas sufre una alteración continuada, el equilibrio se rompe y suele producirse una desestabilización de la presión arterial.

De los casos de hipertensión que se registran en los países desarrollados, el 20% tiene su origen en enfermedades renales o en trastornos de las glándulas suprarrenales o de la hipófisis, unos pocos son causados por malformaciones congénitas del árbol vascular y el resto se atribuye a los hábitos de vida corrientes. Estas proporciones sugieren que la modificación de los hábitos malsanos puede ayudar, en gran medida, a combatir la hipertensión declarada y, lo que quizá sea más importante todavía, a prevenirla.

FACTORES DE RIESGO
Una vez descartados los casos señalados como enfermedad, la clase más corriente de hipertensión es la esencial. De causas desconocidas, suele desarrollarse durante mucho tiempo sin que se registre síntoma alguno, por lo cual en algunos países se la conoce como «el enemigo silencioso». Lo que sí se sabe, con base en los datos obtenidos de los casos más frecuentes, es que hay ciertos hábitos de la vida moderna que constituyen factores de riesgo para la hipertensión. Los más importantes son la obesidad de origen exógeno, causada por el consumo excesivo de proteínas y grasas saturadas, la ingestión elevada de sal, las altas tasas de colesterol en la sangre, las situaciones de tensión nerviosa, los hábitos de fumar y de ingerir bebidas alcohólicas, y la vida sedentaria. La edad avanzada es otro factor, que se considera normal en las sociedades occidentales aunque no se produzca en las menos desarrolladas.

UNA DIETA IDÓNEA CONTRA LA HIPERTENSIÓN
Las características que conforman el cuadro donde se produce con mayor frecuencia la hipertensión arterial apuntan claramente a la necesidad de modificar ciertos hábitos de vida. Así, deberá procurarse no fumar, no tomar bebidas alcohólicas, evitar la vida sedentaria y las situaciones de tensión nerviosa prolongadas. En lo que se refiere a la dieta alimentaria, deberán eliminarse los productos con un alto contenido de grasas saturadas, proteínas y colesterol, y reducir el consumo de líquidos, pero, sobre todo, debe suprimirse la sal. Ello se debe a que la sal favorece la retención de líquidos en el organismo, lo cual produce un aumento del volumen sanguíneo que, a su vez, origina una elevación de la presión arterial.

Dada la costumbre que existe en las sociedades occidentales de consumir cantidades de sal muy superiores a las que necesita el organismo, su ausencia en las comidas causa, en principio, un rechazo casi generalizado. No obstante, hoy se dispone de productos sucedáneos a los que no cuesta mucho habituarse, y de una nutrida variedad de hierbas aromáticas que casan muy bien con las hortalizas, las verduras y las ensaladas de las que principalmente se compondrá la dieta. Asimismo, el zumo de limón es un recurso de inestimable valor en la elaboración de platos culinarios sin sal, puesto que ayuda a que apenas se note la ausencia de ésta. Un aspecto positivo de comer sin sal, además del efecto clínico buscado, es que permite redescubrir el verdadero sabor de los alimentos, desvirtuado por el uso abusivo de la sal.

El escaso consumo de líquidos tiene por fin ayudar a evitar su retención en el cuerpo, por lo cual suelen administrarse diuréticos para estimular la eliminación por vía urinaria. No obstante, si no se ingiere sal en absoluto, se podrá beber el agua suficiente para que los riñones eliminen de forma natural el exceso de sodio sin necesidad de recurrir a los diuréticos.

CÓMO EVITAR LA HIPERTENSIÓN
No ingiera alimentos ricos en grasas, proteínas y colesterol.
Elimine la sal y reduzca la ingestión de líquidos.
Suprima el tabaco y las bebidas alcohólicas.
Evite el estrés.
Haga ejercicios físicos.

 
Las dietas calóricas

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