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El mayor desarrollo económico de muchos países occidentales y los adelantos
técnicos y científicos han propiciado la comercialización a gran escala de una
variedad nunca vista de productos alimentarios. Aunque esto no deja de
constituir un progreso, no lo es tanto la modificación de las dietas habituales
que ello ha traído consigo, porque se ha registrado una marcada tendencia a
consumir alimentos cuyo contenido calórico es muy superior al necesario y, en
consecuencia, han aumentado de manera general los casos de obesidad. No
obstante, y como contrapartida, la mayor difusión acerca de los trastornos y las
alteraciones que el exceso de calorías produce en el organismo, entre los que
destaca la obesidad y su connotación negativa en el plano estético, también ha
despertado el deseo de no cargarse de grasas o de deshacerse de ellas.
Así, el mercado de la dietética se ha visto prácticamente inundado de numerosos
regímenes de adelgazamiento, muchos de los cuales pueden ser nocivos para la
salud, y, lo que es peor, de una variadísima gama de productos supuestamente
infalibles para ayudar a reducir el exceso de kilos —galletas, pastillas,
complejos vitamínicos y líquidos especiales— cuyos efectos, de por sí escasos
cuando no nulos o efímeros para perder peso, aún se deconocen. Y es que la única
forma saludable de perder algunos kilos, y de no volver a recuperarlos, reside
en adoptar una dieta compuesta por alimentos naturales, cuyas propiedades estén
bien equilibradas. De esta manera se logrará cumplir las distintas etapas que
implica un régimen de adelgazamiento sin afectar de forma negativa al organismo
y sin sufrir la sensación de hambre.
LA DECISIÓN DE ADELGAZAR
Excluidos los casos de obesidad extrema, ya sea endógena –de causas internas,
generalmente por alteraciones glandulares, psíquicas o hereditarias– o exógena
–por ingestión excesiva de calorías– que deberán ser tratados exclusivamente por
un médico, la persona que quiera perder peso debe preparase mentalmente para
comer menos y de distinta forma a como lo hace habitualmente. Una vez alcanzada
la decisión de perder el exceso de peso, hay ciertos recursos a los que se puede
apelar para cumplir mejor una dieta de adelgazamiento. Estas normas generales
son las siguientes:
1. Ingerir, en total, un valor calórico diario inferior al de las calorías
que se consumen en la actividad diaria que se realiza.
2. Anotar las calorías de los alimentos que se tomen, y sumarlos al final del
día para controlar el total.
3. Hacer siempre cuatro comidas: desayuno, almuerzo, merienda y cena, sin
saltarse ninguna.
4. No comprar más alimentos que aquellos que se deben tomar.
5. Hacer las compras con el estómago lleno, pues ayuda a rechazar la tentación
de adquirir lo que no se debe.
6. En el caso de sentir ansiedad, tomar algún sedante natural, como puede ser
una infusión de tila.
7. Tener siempre a mano algún alimento fresco y bajo en calorías para poder
«hincarle el diente» entre las horas de las comidas.
8. Sustituir el azúcar por miel o por edulcorantes sin calorías.
9. Reducir poco a poco la ingestión de sal y aumentar la de especias, que dan
sabor y no aportan calorías.
10. Beber dos vasos de agua una media hora antes de cada comida.
11. Olvidarse de todas las bebidas alcohólicas y gaseosas, y de todos los dulces
y productos envasados.
12. Aplazar los caprichos para cuando pueda permitírselos.
CONSUMO DE CALORÍAS EN CIERTAS ACTIVIDADES
(por minuto)
Descansar acostado 1,2
Descansar sentado 1,4
Leer sentado 1,4
Comer sentado 1,6
Estar de pie 1,6
Ducharse de pie 3,7
Caminar (interior) 3,4
Caminar (exterior) 6,1
Bajar escaleras 7,6
Subir escaleras 20,0
Hacer camas 5,3
Pasar el mocho 5,3
Barrer 1,7
Fregar suelos 6,0
Coser a máquina 1,5
Planchar 4,2
Batir alimentos 3,0
Pelar verduras 2,9
Cavar con pala 7,1
Cortar madera (machete) 4,9
Aserrar madera (manual) 6,9 Apilar madera 6,1
Bailar 4,0
Montar en bicicleta 8,0
Montar a caballo 3,0
Nadar 12,1
Remar 8,0
Hacer jogging hasta 17,0
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