Por regla general, durante la estancia en la clínica donde han nacido, los
bebés son atendidos y alimentados según unos horarios establecidos de acuerdo
con las necesidades de organización de la propia clínica. Sin embargo, éstos
pueden no ser los que a un recién nacido le apetezcan por naturaleza, por lo
cual durante la primera semana en casa, la madre suele encontrarse con
exigencias que no tenía en la clínica y que le supondrán modificar las horas en
que debe darle de mamar, la duración de cada toma y hasta la forma en que debe
hacerse. Para afrontar con éxito estas alteraciones, por otra parte muy
corrientes, es necesario tener unos conocimientos básicos, mucha paciencia y una
buena capacidad de observación. LA LACTANCIA NATURAL Tanto la madre como el hijo adquieren en la clínica un cierto ritmo de alimentación, pero en casa están juntos a todas horas, y la madre tendrá la oportunidad de estudiar las manifestaciones del bebé con mayor atención, y podrá adaptar las horas de comida con vistas a la mejor nutrición de su bebé. Una vez establecido que la alimentación será el pecho materno, sólo se
interrumpirá si la madre debe someterse a un tratamiento de antibióticos. En ese
caso, y salvo otras razones de peso que serán comentadas con el médico, se
optará por la nutrición con biberones. EL NÚMERO DE TOMAS Por ejemplo, algunos niños nacen con poco peso —2,5 kg o menos —, por lo cual será contraindicado negarle cualquier toma hasta que alcance el peso correspondiente a su edad; otros pueden nacer con un peso normal —de 2,5 a 3,5 kg— pero ser remolones para comer, por cuanto preferirán tomar poca cantidad de leche, pero con mayor frecuencia, y otros que, por dormilones, no suelen despertarse para comer y tardan mucho tiempo para mamar muy poco. Asimismo, puede suceder que la producción de leche materna no sea la
necesaria, o que haya disminuido debido al ajetreo de atender la casa, en cuyo
caso el bebé puede no quedar lo suficientemente satisfecho como para esperar
tantas horas hasta la primera toma de la mañana siguiente, y así lo hará saber
con llanto e intranquilidad antes de su hora. En cualquier caso, la madre deberá
tener paciencia durante las primeras semanas hasta que se establezca el ritmo de
tomas conveniente. Durante este período en que el horario puede ser un tanto
caótico, la madre debe aprender a descansar aprovechando ratos perdidos en el
intervalo, tanto de día como de noche, ya que la falta de descanso puede incidir
tanto en su estado nervioso como en la producción de leche. |
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