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LA LECHE
La leche, alimento ancestral de todo ser humano desde
su nacimiento, contiene propiedades particularmente nutritivas para el
crecimiento, por lo cual es un alimento infantil insustituible.
Además de la leche materna, irreemplazable como alimento primario del hombre,
las distintas leches de origen animal han tenido históricamente una importancia
capital para la subsistencia de la vida humana. La costumbre de los diferentes
pueblos de utilizar una u otra ha dependido siempre del tipo de mamífero
prevaleciente en una región dada. Así, por ejemplo, en ciertos países orientales
es habitual el consumo de leche de burra y de camello, mientras que en otros la
más corriente es la de búfalo o la de cebú. En Occidente, si bien la más
consumida es la de vaca, aún hay determinadas regiones donde suele ser normal el
consumo de otras, como la de oveja y la de cabra, e incluso la de reno, como en
Laponia.
LA LECHE DE VACA
En la composición de la leche de vaca se encuentran proteínas —que, en conjunto,
contienen todos los aminoácidos esenciales—, lactosa —con un valor dulcificante
que corresponde a una sexta parte del azúcar común—, lípidos, principalmente
triglicéridos —una molécula de glicerina combinada con tres de ácidos grasos— y
una considerable proporción de calcio.
Pero la leche también contiene microorganismos nocivos para el organismo, por lo
cual la primera medida para eliminarlos consiste en someterla al calor. Por
consiguiente, la leche fresca procedente de pequeños productores que no le
aplican ningún tratamiento, debe hervirse antes de ser consumida. En el caso de
la leche manipulada a escala industrial, el hervido es innecesario porque ya se
la ha sometido al calor requerido para eliminar las bacterias que pudiera
contener y, además, la medidas higiénicas prescritas para las distintas etapas
de su manipulación, desde que se la ordeña hasta que se la envasa, están
estrictamente controladas.
En cuanto se refiere a la participación de la leche en la elaboración de platos
culinarios, cabe señalar que es indispensable para muchos de ellos, como las
salsas emulsionadas tipo bechamel y, muy especialmente, los productos de
repostería. Entre los alimentos cuya combinación con la leche es más acertada
por la complementariedad de sus respectivas proteínas, se cuentan los cereales,
las féculas y las harinas.
Pese a todas las bondades de la leche, hay personas que no la toleran bien
cuando la ingieren sola. En estos casos, y según sea la causa de la
intolerancia, existen otras opciones para consumirla: parcial o totalmente
destanada y en yogures, cuajadas, kéfires y quesos. Estos derivados lácteos
pueden consumirse solos o como ingredientes de una gran variedad de platos de
cocina, tanto salados–suflés, budines, sopas– como dulces –cremas, flanes y
combinados con diversas frutas—.
CONTINUAR:
El Yogur, el Kéfir y la Cuajada
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