|
|
|
LAS PASTAS
Sin duda, la costumbre de comer pasta, motivada tanto por su sabor como por la
gran variedad de preparaciones con que se presenta, se ha convertido en
Occidente en una de las formas habituales de consumir cereales, dado que la
pasta se obtiene mediante la desecación de una masa no fermentada, que se
elabora con harinas, sémolas finas o semolinas procedentes del trigo duro o
candeal, agua y sal. Existen diferentes variedades de pastas, tales como las
preparadas al huevo o con espinacas, que aportan proteínas y sales minerales que
aumentan su valor nutritivo. También hay pastas preparadas con harina de trigo
integral, que son las más recomendables, aunque resultan menos apetitosas.
Las pastas constituyen un alimento simple y asociable a muchos otros, ya que
pueden complementarse en la dieta, por ejemplo, con vegetales crudos en ensalada
o con productos poco proteicos. En contra de la creencia generalizada, una de
las principales características de las pastas frescas es la de su escaso
contenido en grasas, es decir, que sólo engordan relativamente, y ello debido a
su alto contenido en hidratos de carbono. Conviene evitar acompañarlas con
salsas muy grasas o excesivamente condimentadas.
Las pastas alimentarias contienen un 74% de hidratos de carbono, un 13% de
proteínas de excelente calidad y sólo un 2% de grasas. Cien gramos de pasta, una
ración colmada, proporcionan unas 360 calorías. Por otra parte, las pastas
contienen vitaminas B1 y B2, que favorecen la asimilación de los almidones, y
también vitamina A. Sus hidratos de carbono se asimilan fácilmente durante la
digestión. Sin embargo, los diabéticos deben controlar rigurosamente la cantidad
de pasta que consumen, debido a su alto contenido en hidratos de carbono. Deben
abstenerse de consumir pasta los niños afectados de mala absorción intestinal a
causa de la enfermedad celíaca.
CONTINUAR:
EL TRIGO
|
|