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LOS FRUTOS SECOS CONSERVACIÓN Con el paso del tiempo y la evaporación de la poca agua que
contienen estos frutos, sus enzimas pierden capacidad de conservación, y las
grasas adquieren entonces un característico y desagradable sabor rancio. CONSUMO Con frecuencia, una vez descascarillados, los frutos secos se tuestan. Con ello mejora su sabor, si bien al mismo tiempo se modifica la estructura de los ácidos grasos y se destruyen las escasas vitaminas que contienen los frutos. También la costumbre de salar los frutos secos es perjudicial para quien los consume, porque la cantidad de sal obliga a beber en exceso, con la consiguiente sobrecarga para los riñones. Además, la sal acarrea graves consecuencias para los hipertensos. Por si fuera poco, la sal favorece el endurecimiento de las grasas, que se depositan en los tejidos y comienzan a retener agua, de lo cual deriva la aparición de la celulitis. Es importante ingerir los frutos secos tras una concienzuda insalivación y masticación, para aprovechar al máximo sus componentes y facilitar la digestión. La cantidad que se debe consumir depende, por una parte, de la intensidad de las actividades físicas que se realicen, y por otra, de las características de los demás componentes de la dieta. También es más indicado su consumo durante las estaciones más frías del año. Debido a su elevado poder calórico, la ingestión de estos frutos es sobre todo recomendable para los jóvenes y los deportistas, así como también para aquellas personas que realicen un intenso trabajo intelectual, en este caso por su contenido en fosfatos orgánicos, ya que el fósforo es un elemento de especial importancia en el metabolismo cerebral. Por el contrario, las personas de edad avanzada que tengan dificultades en la masticación deben evitar el consumo de semillas oleaginosas, pues podrían ocasionarles trastornos intestinales. Los obesos y quienes deseen adelgazar pueden consumirlos, pero con mucha mesura, ya que 100 gramos de frutos secos suponen un aporte energético de entre 400 y 600 calorías. Por lo tanto, conviene no superar los 50 gramos diarios. Por su bajo contenido en hidratos de carbono, los frutos
secos, con la excepción de las castañas, pueden incluirse con moderación en la
dieta de los diabéticos, ya que, pese a constituir una buena fuente de
proteínas, estos frutos contienen grasas que pueden ocasionar una obesidad no
deseada en los afectados por esta enfermedad. |
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