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PESCADOS Y MARISCOS
Los pescados y los mariscos, que desde la antigüedad
han sido el alimento primordial de muchos pueblos, se consumen hoy
principalmente congelados, y conviene saber que, aunque pierdan algo de su
sabor, conservan íntegro su valor nutritivo.
Dado que la refrigeración sólo mantiene el pescado y el marisco en
condiciones salubres durante pocos días, el hombre recurrió a otros sistemas
para preservarlos. Así surgieron, por ejemplo, la salazón, que se aplica
generalmente al bacalao, al arenque y a las anchoas; el ahumado, utilizado para
conservar el salmón y la trucha, y el enlatado, para el cual se usa con
frecuencia la carne de atún, el bonito y la caballa.
Las bondades de estos sistemas, reconocidas porque permiten la conservación de
alimentos, pueden verse contrarrestadas por los riesgos que los aditivos que se
añaden pueden suponer para la salud de algunas personas, en especial para la de
aquellas que sufren determinadas afecciones.
Por ejemplo, la salazón implica la
ingestión de una cantidad excesiva de sal, desaconsejable para ciertas
dolencias, entre ellas la hipertensión; el ahumado puede no destruir
determinados parásitos que provocan algunas enfermedades intestinales; y el
enlatado, aunque exento hoy del riesgo tóxico de la botulina, gracias a la
esterilización moderna, generalmente contiene sustancias químicas que,
destinadas a mantener o a realzar el color y la textura, pueden causar
trastornos orgánicos.
A diferencia de estos procedimientos, la ultracongelación,
el más moderno de todos los sistemas que se han diseñado para la conservación de
alimentos, no ofrece peligros para la salud humana: sólo implica sacrificar un
poco el sabor y el aroma del alimento fresco en aras de la economía doméstica.
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LOS PESCADOS
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